La versión final de Macabros está cargada de una premonición de lo trágico. Roerich elimina la parte superior del lienzo, es decir, la ciudadela antigua que se veía al fondo. Los cuervos, esos místicos heraldos del mal e intermediarios mágicos entre el cielo y la tierra, se convierten en el núcleo compositivo del cuadro. Al eliminar el contexto histórico dela obra, Roerich se centra en transmitir una sensación de ansiedad y cautela.
Las expresivas siluetas de cuervos negros que se posan en las rocas de la costa; el paisaje árido con la tierra vibrando a grandes trazos y las aguas de un mar nórdico; el ritmo ondulante de las suaves colinas; el colorido oscuro; el formato estrecho y horizontal del lienzo (como si estuviera apretado por un enorme marco de madera): todo ello se convierte en la encarnación tanto del drama de la historia antigua como del drama del futuro siglo.
Sabiendo cómo la obra del artista reflejó la vida pública en los años siguientes, podemos suponer que Macabros fue su primer intento de expresar de una forma simbólica su actitud ante la modernidad.