La cordillera del Kanchenjunga, de cinco cimas, se abre en el cuadro como una flor extravagante.
Los blancos picos nevados se pierden en el azul del océano cósmico. Abajo, en el fondo, hay interminables cordilleras rocosas envueltas en un nacarado manto de niebla. ¿Acaso las nubes y la niebla no son un espléndido telón ante el Gran Misterio que se oculta tras el Kanchenjunga? Muchas leyendas antiguas están asociadas a esta montaña.
Esta bella y majestuosa creación de la naturaleza, honrada desde la antigüedad como la deidad suprema, ha atraído tanto la atención de tibetanos como de hindúes.
Allí se formaron los inspiradores mitos sobre la obra de Shiva, que se bebió el veneno del mundo para salvar a la humanidad. Allí, la resplandeciente Lakshmi surgió del nublado para la felicidad del mundo.
Según los mitos tibetano-birmanos, esta montaña sagrada es el lugar de donde se dispersarontodos los pueblos del Himalaya. El primer hombre y la primera mujer fueron creados del hielo de sus cumbres, y la expulsión de sus hijos del mundo celestial dio origen a la humanidad. Se cree que Kanchenjunga no está en la tierra, sino en el cielo, y que allí van las almas de los muertos.
Al igual que el Everest, esta montaña de Sikkim se asociaba con la noción de un país celestial.























