Además del motivo de los funestos presagios, el arte de Roerich en los años de la Primera Guerra Mundial tenía otro tema que le entusiasmaba. Previendo los cercanos trastornos sociales, buscaba en la realidad rusa la espiritualidad más perdurable y la encontraba en las imágenes de los santos rusos, en la creencia en la «protección divina» de Rusia.
En el cuadro de 1914, Procopio el Justo ora por marineros desconocidos, un canoso anciano está sentado en un banco alto, sobre un fantásticorío dorado que discurre a lo lejos por las verdes extensiones del norte. Levanta la mano hacia el cielo y bendice los barcos que flotan en el río. Su figura inmóvil se asemeja a una estatua congelada y parece una prolongación de la colina.
En la pintura de Roerich, la naturaleza y el hombre parecen tejidos de la misma materia, fundidos en uno solo. El artista expresa en sentido figurado la idea de un sabio santo que vive en armonía con toda la creación de Dios.
Procopio el Justo, un beato por amor a Cristo, vivió en la segunda mitad del siglo XIII y procedía de una rica familia de comerciantes. Llegó a Veliki Ústiug desde Nóvgorod y se instaló en el pórtico de la catedral de la Asunción.
El santo se hizo famoso como vidente y hacedor de milagros. Con sus oraciones desvió una nube de piedra de Ústiug y salvó a la ciudad de una terrible calamidad.
Hasta el día de hoy, en Veliki Ústiug hay una piedra en la que el beato solía instalarse, para despedir a los comerciantes en un viaje incierto y lleno de peligros. Muy cerca se alza unacatedral con su nombre, erigida, según la leyenda, sobre su sepultura, donde se produjeron numerosas curaciones.























