En 1907, Roerich visitó Finlandia por primera vez. Quedó profundamente conmovido por los lugares salvajes y vírgenes del severo norte. «La fábula del Norte es profunda y cautivadora», escribió el artista.
Conjuro terrenal
Nikolái Roerich. Finlandia gris. 1907. Museo Ruso
Los santuarios del antiguo culto, cubiertos de musgo y arbustos, así como los signos misteriosos en piedras de granito, daban testimonio de la unidad pasada entre el hombre y las fuerzas superiores de la naturaleza.
El cuadro Conjuro terrenal, creado durante este periodo, es una reflexión filosófica sobre la interdependencia de todas las cosas a escala terrenal y cósmica, sobre la multiplicidad de los mundos y sobre las culturas primitivas que nos devuelven a las profundidades de la existencia prehistórica, a los orígenes del destino humano.
En la luz fantasmal de la blanca noche polar, el Mundo es uno. Las lejanas estrellas y la Luna en el cielo, la Tierra y la gente que se escabulle por su vertiente planetaria, frías piedras con petróglifos grabados en ellas: todo ello, pequeño y grande, se teje en la compleja ornamentación del Universo. Los hechiceros realizan su antiguo ritual, invocando los elementos nocturnos. Las «piedras mágicas», obedientes al poder místico del conjuro terrenal, cobran vida. El tiempo vibra en sus profundidades y aparece en la superficie en forma de signos que revelan los secretos del universo.
En la fábula Signos sagrados, Roerich escribió:
Nosotros no lo sabemos. Pero ellos lo saben, las Piedras lo saben… Y recuerdan. Recuerdan quien dio nombre a las montañas y a los ríos. Quien construyó las antiguas ciudades. Quien nombró los países de antaño. Palabras que no conocemos. Todas llenas de significado.
Nikolái Roerich. Paisaje con una piedra al borde del camino. 1907. Museo Ruso
Al crear la imagen de un mundo panteísta, el artista utiliza una simplificación del lenguaje propia de las culturas arcaicas: un dibujo con contornos estilizados y un color local. Se trata de una variante peculiar del primitivismo, que se basa en un sentido decorativo y en el específico carácter ornamentalde las formas pictóricas.

























