Para la época de la creación de este famoso cuadro, que se convirtió en la cumbre del primer periodo romántico de la obra de Aivazovski, el pintor había conseguido ganar fama mundial y el reconocimiento de las más grandes autoridades. Los rasgos característicos de la obra del maestro se reflejan aquí de forma más viva y definida.
El tema del cuadro es la confrontación entre las fuerzas de la naturaleza y la voluntad del hombre. El artista logró un dramatismo, una fuerza estremecedora y un colorido sonoro sin precedentes en el paisaje ruso. Se acerca la novena ola, la más temible, la más destructiva, la más poderosa, según la leyenda popular. Pero la oscuridad de la noche ya está cortada por la luz de la esperanza, queda rendida, y la voluntad desesperada de salvación podrá vencer al furioso océano. Por supuesto, este cuadro debía percibirse desde una perspectiva alegórica y adquirir un significado simbólico para muchas generaciones, inspirando fe en la victoria del hombre, de la humanidad y de la vida.
Aivazovski pintaba sus lienzos de memoria, en el estudio.

























