A la hora de buscar un tema para su obra de grandes dimensiones, el artista se guió por el deseo de representar un acontecimiento real del pasado sobre una base documental precisa.
El último día de Pompeya
En Italia, el artista tuvo la oportunidad de visitar las excavaciones arqueológicas que revelaron al mundo las antiguas ciudades de Pompeya y Herculano, sepultadas por la erupción del Vesubio el 24 de agosto del año 79. La creación del cuadro fue el resultado de un minucioso estudio de las fuentes históricas, entre ellas, las cartas de un testigo, el historiador Plinio el Joven, y los monumentos de la antigüedad.
El cuadro que hizo famoso al artista representa no sólo la tragedia de un pueblo que perece en una colisión con los elementos, sino también el cambio de épocas históricas: el nacimiento de una nueva civilización cristiana sobre los restos del antiguo mundo pagano. La tragedia despierta multitud de sentimientos en los protagonistas: la desesperación y el miedo, el amor y el deseo de proteger a los seres queridos. En palabras de Nikolái Gógol, todo ello permitió retratar «la más alta perfección física y moral» del ser humano. Siguiendo la tradición del arte renacentista, el artista se representa a sí mismo en la parte izquierda del cuadro con los accesorios del pintor. El tema elegido es muy característico del arte de la época romántica: se usó tanto en la música (ópera de Pacini) como en la literatura (novela de Bulwer-Lytton).
Se expuso por primera vez con gran éxito en Roma, Milán, París y más tarde en San Petersburgo en 1834.
El comitente oficial del cuadro fue Anatoli Demídov, fabricante, científico y mecenas de artes.
En el informe anual de la Academia de las Artes, el cuadro fue descrito como la mejor obra de la pintura rusa del siglo XIX.






























