El colosal cuadro, lleno de oscuro patetismo romántico, es una de las últimas pinturas más significativas del arte académico de la época clasicista. El trabajo en el lienzo, basado en un episodio del Antiguo Testamento, duró muchos años.
Serpiente de bronce
El pueblo israelita que vagaba por el desierto habló contra Jehová y contra Moisés: «¿Por qué nos han sacado de Egipto para morir en el desierto? Pues no hay pan ni agua, y detestamos este alimento tan miserable«. Por eso el Jehová, furioso, mandó contra ellos serpientes venenosas, para que los mordieran, así causando terror y devastación. Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo: «Hemos pecado por haber hablado contra Jehová y contra ti; ruega a Jehová que quite de nosotros estas serpientes». Y Jehová dijo a Moisés: «Hazte una serpiente de bronce y ponla sobre una asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá». De este modo, Moisés salvó al pueblo de la destrucción.
El artista individualiza las imágenes y divide la narración en varias escenas.
Hay un movimiento general en todo el cuadro, que se justifica por el contenido de la escena: de derecha a izquierda en dirección a la columna con la estatua de la serpiente. Este movimiento crea la impresión uniforme de un gigantesco lienzo de múltiples figuras. En su época, este cuadro fue tan popular como El último día de Pompeya, de Karl Briulov.










