La década de 1880 está marcada por mayores logros creativos de Repin. A estos pertenece el lienzo monumental Cosacos zapórogos (escribiendo una carta al sultán turco), terminado en 1891. Da la impresión de «hacer sonar» diferentes tonos de risa, como expresión de un orgulloso sentimiento de independencia interior.
Cosacos zapórogos
Sintió el impulso a realizar el primer boceto del futuro cuadro, en el que trabajó durante trece años. Estudió con detalle la historia y la vida del Sich de Zaporiyia, viajó por Ucrania, recopiló leyendas populares, leyó obras históricas y consultó documentos de archivo. El artista retrató con gran habilidad a los cosacos, estas personas fuertes bajo el liderazgo del atamán Iván Serkó. Con una expresividad vívida y una psicología profunda, transmitió su libre espíritu, valor y cohesión.
Las imágenes se basan en bocetos de personas concretas que Repin transformó por completo mientras creaba su cuadro. Así, por ejemplo, el general Mijaíl Dragomírov sirvió como modelo para la imagen de Serkó y el historiador Dmitri Iavornitski, para la imagen del escribano. La imagen de un hombre bigotudo que golpea a su camarada en la espalda con el puño fue inspirada por el artista Ian Tsionglinski, mientras que la cara del cosaco con abrigo rojo y gorro de piel blanco se asemeja a las facciones del profesor del conservatorio Aleksandr Rubéts. El espectador queda cautivado por la ruidosa alegría de los cosacos: se ríen alegremente, contentos con una nueva palabra ingeniosa y fuerte.
Al trabajar en el lienzo, Repin recordaba a sus artistas favoritos: Velázquez y Hals. El cuadro fue adquirido por el emperador Alejandro III y permaneció en el Palacio de Invierno hasta 1897, cuando fue trasladado al Museo Ruso. En 1895, el cuadro fue galardonado con medallas de oro en las exposiciones internacionales de Múnich y Budapest.



























