A mediados de los años 20 crea una serie de macabros lienzos urbanísticos.
Los personajes principales de sus obras de aquella época eran suicidas, mutilados
o gente de los estratos más bajos de la sociedad. Un tema totalmente lejano al optimismo soviético posrevolucionario, construido sobre la combinación de la utopía y las ideas de izquierdas. Por eso, como coartada, el pintor insistía en que
sus obras retratan «ciudades capitalistas» en lugar de urbes soviéticas. Sin embargo, el público tenía claro que son escenas típicas de cualquier ciudad