A principios de los años 1990 el famoso pintor moscovita Vladímir Liubárov
decidió comprarse un coche y marcharse de la capital, y descubrió «la tierra
prometida» en un perdido pueblo de Peremílovo, cerca de las regiones de
Vladímirks y Yaroslavl, donde dedicó su tiempo a la pintura. Su obra es un
excelente ejemplo de la conexión entre las antiguas tradiciones y la nueva y
moderna visión del mundo.
#1
Vladímir Liubárov
Adiós
#2
#4
La pintura es mi declaración de amor a la vida que me ha sido dada, a las
personas que quiero y a todos aquellos con los que me cruzo en mi camino, incluso a los desconocidos que pasan a mi lado. Tal y como yo la entiendo, es uno
de los placeres de esta vida
Vladímir Liubárov
#8
en la cola
#5
Estos dibujitos —así llamaba el pintor sus obras— son muy genuinos, ya que su
tema es sencillo y fácil de entender por cualquiera. Estos trabajos, creados lejos
del ajetreo moscovita, están inspirados en una vida sencilla, en simples
conversaciones con los vecinos sobre el heno, el estiércol y las aventuras de las
niñas Zina y Masha de la calle vecina.
niñas Zina y Masha de la calle vecina.
#7
«Marcharme al “mundo rural” todavía no se me da tan bien como
a los lugareños, pero sí que hay algo que nos une: todos trabajamos con las
manos. Ellos reparan la casa, cuidan el huerto, hacen trabajos de carpintería, y yo
paseo el pincel por el cuadro».
Vladímir Liubárov
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Adiós
Fecha de creación
2012
Dimensiones
60x80 cm
Técnica
Óleo sobre lienzo
Colección
2
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